Totalmente inmersa en los embrollos de fin de año, las emociones, las situaciones, las cosas únicas que ya no se van a repetir, lo nuevo, lo que no está, lo que se va... con toda esta marea de sentimientos tengo la tarea honorable de escribir algunas palabritas para cerrar el año lectivo de mi niña en el jardín.
Y no es sólo el año lectivo, es el cierre de una etapa, de un proceso, de un momento único en la vida como es la edad del jardín, con todos los sueños por alcanzar, con toda una vida para hacerlos realidad.
Cómo se nos pasa la vida, ayer mirábamos fotos de un nacimiento esperado, ansiado y complicado y hoy, vemos a esa pequeñita entregar su pintorcito para colgarse una mochila con cuadernos, lapices y tareas de 1° grado.
Qué caprichoso es el tiempo, que se sirve de estos momentos para devolvernos por un momento los recuerdos de aquella, nuestra infancia, donde todo era juego, donde todo eran risas, carreras contra la siesta, gestos cómplices entre hermanos ante las preguntas de "¿quien fue?".
En el corazón de este torbellino de emoción, anhelos, desarraigos, fracasos y hallazgos encontré un poema que no hace más que retratar con fina exactitud todas estas imágenes que se chocan en mi mente. Me gustaría compartirlo porque tengo la certeza de que muchos "niños" van a sentir lo mismo que hoy (en este día cargado de nubes que lloran) estoy sintiendo yo... Felicidades niñitos de 30
En pleno verano
Las tardes de sol no andaban
en mi barrio
más rápido que el viejo del bastón
el que nos escondíamos porque
decían
odiaba a los chicos
Estaban llenas de chispas en el aire
aunque no las veíamos
Lo digo ahora
claro
cuando no se me ocurre cómo escribir
que la luz tenía vida y no sólo tibieza ni brillo
vida
digo
vida
promesa de los días
y no digo tampoco porvenir
porque ni se nos ocurría
quedaba demasiado lejos
y en definitiva a quién le importaba
pensar en semejante océano de tiempo
Nos cansábamos ganándole carreras a la siesta
y nos quedábamos sentados en el escalón de alguna
puerta
oyendo el viento ente las hojas
sin ninguna intención de hacerlo
Era lo que hacíamos
y lo malo parecía distante
Nunca se me hubiera ocurrido
que aquel sol que todo lo podía
en su trono de verano
se quedara mudo
y su luz
hueca
Nunca imaginé que aquellas calles
derretidas de que nadie pase
se hicieran tan geométricamente estúpidas
en su terca permanencia
Llevo al chico que fui
en el sobresalto de mi pecho
mientras vuelvo de la agonía
en un hospital
Pedro Aznar
"Dos pasajes a la noche", 2009
Eva se fue
domingo, 29 de noviembre de 2009
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