Qué difícil cuando uno deja su tierra y sus cosas... nos falta algo, nuestra vida, nuestro ser, nuestra identidad...y entonces intentamos encontrar algún rasgo del cual aferrarnos en el nuevo paisaje..algo que nos haga sentir, o al menos nos recuerde cómo era estar en casa. Pero ocurre que cuando pasa el tiempo, uno empieza a sentir que no es de aquí, ni de allá, y entonces se ve partido en dos... y nunca se vuelve a ser uno entero...ya no pertenecemos a casa porque nos fuimos (pero a la vez nunca dejaremos del todo de ser parte de la misma)y tampoco somos parte de este nuevo lugar, aunque en realidad pasamos los días adaptándonos y tratando de anclar nuestras raíces aquí...
En este pequeño fragmento creo que se transmite un poco esta idea, con un Andrés que vuelve a casa después de 70 años, y tiene miedo de reencontrarse con el que dejó cuando tuvo que huir por el exilio de la guerra...
Más acá o más allá, por la guerra , por cuestiones polìticas o socio-ecónomicas, los exiliados e inmigrantes tenemos esta dualidad...vivir a ambos lados, con un poco de cada cosa y sin niguna de ellas...
Eva se fue
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